Una serie de artículos sobre los orígenes de nuestras guitarras

Como su hermana melliza, la Flying V, la guitarra que nos ocupa hoy comenzó a diseñarse en 1957 como parte de una nueva línea de guitarras “modernas”. El propio nombre con que se llamó a su prototipo ya delataba las intenciones que la compañía tenía en aquel entonces: Futura fue como se la bautizó en sus primeros balbuceos sobre el papel, y en el banco de trabajo, como un simple proyecto, para acabar con el definitivo y muy elocuente nombre de Explorer.

Era 1958, en Gibson las cosas no iban del todo bien pese a la popularidad de que había gozado el estandarte de la casa, la Les Paul. Las paulas parecían perder terreno frente a la competencia (tanto que en 1961 pasarían a convertirse en la SG), y Ted McCarty, presidente entonces de la compañía, se empeñó personalmente en una línea de nuevos modelos completamente innovadores, que incluían a la Flying V y esta Explorer: la línea Modernistic. El problema es que, como pronto se descubrió, tal vez resultaban demasiado innovadores…

Nacer antes de tiempo
Esto es, probablemente, lo que le ocurrió a la Explorer. Si la flecha recibió una tibia acogida, colocando en el mercado poco más de un centenar de unidades antes del cese de su producción en 1961, la exploradora no pasó de la cincuentena – aunque aún hoy en día es difícil conocer el número exacto – y su fabricación se detuvo tan solo un año después de su lanzamiento oficial, en 1959.

La Gibson Explorer era, probablemente, más radical incluso que su hermana la “flecha”: de formas también afiladas, con dos ejes apuntando en direcciones opuestas, todo lo que la Flying V tenía de recogimiento (era agresiva, sí, pero a fin de cuentas compacta, equilibrada… con una “dirección”), la Explorer lo tenía de exhibicionista. Su cuerpo era voluminoso, y su agresividad se destilaba no solo de sus líneas rectas, también de su apariencia expansiva, como si el núcleo central acabara de sufrir su propio Big Bang y la madera estuviera expandiéndose (lo que sin duda contribuía a esa percepción de volumen…), creando un nuevo universo y amenazando caos.

Nuevo, desde luego, era: como la Uve, la Explorer se fabricaba con madera de korina, algo más ligera y con una resonancia ligeramente distinta de la caoba habitual en la casa. El clavijero, a su vez, presentaba una forma como de stick de hockey muy particular, con los afinadores en línea rompiendo la tendencia habitual en otros modelos. Aunque seguramente seguía siendo más discreto que el todavía más radical headstock del prototipo inicial: con tres afinadores a cada lado, pero en uve, con forma como de pata de pato. Pero la guitarra, aunque inspirada en tendencias muy de la época (como el streamline o estilo aerodinámico que se colaba en arquitectura y diseño del hogar y otros objetos de consumo) no tuvo en absoluto la acogida esperada. Aunque se distribuyeron algunas unidades con partes sobrantes hasta 1962 (hasta hacer llegar la cifra total de originales casi a la centena), lo cierto es que desde 1963, con la producción parada desde hacía cuatro años, no volvieron a sacarse más Explorers…. hasta los años setenta.

Nacida para el heavy
Pese a algunos coqueteos de algunos artistas célebres, lo cierto es que la Explorer parecía muerta y enterrada casi 20 años después de su lanzamiento. Así como la Flying V había revivido con una fuerza inusitada, aquélla no había tenido aún una segunda oportunidad. Hasta que varias compañías de la competencia comenzaron a copiar el diseño durante los años setenta y el modelo parecía ir encontrando su hueco entre músicos de glam rock, hard rock y el naciente heavy metal. Era el momento de resucitar a un muerto que nunca debería haberse ido y ahora podía, y debía, reclamar su sitio: en 1976 la Gibson Explorer volvió a producción.

Precisamente un modelo de este año es el que algunos más tarde enarbolara el frontman de Metallica, James Hetfield. Porque aunque durante los 70 la Explorer tuviera su sitio en manos como las de Allen Collins de Lynyrd Skynyrd, o en las de un joven The Edge que haría de las características tonales de este modelo un sonido propio casi marca registrada en los 80, los espectros más duros del rock encontraron en la Explorer un alma gemela desde época bien temprana.

Y así sigue siendo: la Explorer original vivió muchos y variados cambios desde su relanzamiento, desde reducciones de tamaño para hacerla más manejable (es bien conocido el modelo realizado para Mathias Jabbs de Scorpions conocido como Explorer 90, por tener solo el 90% del volumen original), pero sobre todo para adecuarla a las necesidades de unos músicos que se movían en territorios cada vez más metaleros, como las Explorer con pastillas Dirty Fingers de alta ganancia que se lanzaron a principios de los 80, o las que han ido acomodando elementos como puentes Floyd Rose, etc., necesarios para las variantes más modernas del rock.

A día de hoy, aunque están disponibles nuevas versiones de los modelos originales, la oferta de Explorers de esta casa refleja ese hueco que una guitarra ciertamente adelantada a su tiempo consiguió hacerse, merecidamente, entre los géneros de rock más duros, y que ha servido de punto de partida para toda una generación de “hachas” del metal que hoy en día pueblan discos y escenarios, y que en manos de genios como el malogrado Dimebag Darrell abrieron nuevos caminos.

Lo de “exploradora” y “futura” parece que, al final, fue todo un vaticinio.